Esperando a Mini_N

No disfruté de mi embarazo. No os alarméis, fue deseado, mucho, ya os lo conté en el anterior post, pero no lo disfruté. De eso me doy cuenta ahora, cuando miro atrás y me doy cuenta de todo lo que me preocupé de más.

Lo fotografié semana tras semana, pedí que me hicieran fotos de la barriga en la playa, cosa que fue posible gracias a Neus, mi hermana (aunque no de sangre).  Guardé todos los detalles que podía, pero aun así con prudencia.

Compré libros para anotar todo lo que iba sintiendo durante el embarazo y a día de hoy están por rellenar. ¿Qué pasó? Que me pudo el miedo. Soy muy optimista cuando de los demás se trata, pero para mi siempre me pongo en lo peor. Me pasé parte del embarazo sufriendo por si algo no iba bien. Supongo que el conocer casos cercanos y pasearme por Internet (mal, muy mal) no ayudaba del todo.

Además con la segunda ecografía no vieron algo del todo bien en Mini_N y me hicieron volver dos semanas más tarde para revisar. Os podéis imaginar como se pasan esas dos semanas de espera sin saber que era lo que fallaba… y llegas y te dicen que era el corazón, que no lo escucharon bien… por suerte todo estaba perfecto y nos confirmaron que tendríamos una preciosa niña.

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Esa fue una gran noticia, pues Mr. M ya tiene un niño y a los dos nos hacía ilusión que tuviera “la parejita”. Además nos facilitaba las cosas, pues solo teníamos claro el nombre de niña.

Y así entramos al segundo trimestre, de lujo, como el primero y como sería el tercero. Un embarazo envidiable, con solo un poco más de cansancio de lo normal pero nada más. NA-DA. Ni rastro de nauseas, mareos, retención de líquidos, insomnio, malestares generales… nada. Y aún así yo sufría cada instante.

El tercer trimestre fue el más complicado en ese sentido, confías en que ya nada puede ir mal pero te preocupas más que nunca, pues ya sientes más al bebé y sus pataditas y el día que está de relax tu te empeñas en pensar que algo va mal ya que no notas sus patadas cada 5 minutos. ¡Qué horror! ¿Cómo nos obsesionamos tanto? Encima tenemos que sumar que se acerca el parto, y a mi me daba pavor pensar en ello, otra vez las probabilidades de que todo puede ir mal muy altas… ¡soy un caso!

Ultima ecografía, la del tercer trimestre (llevamos todo el embarazo por Seguridad Social, así que por norma son 3 ecos, una por trimestre) y aquí empieza la recta final llena de visitas médicas. Control semanal ya que Mini_N no crece como debería y la palabra “percentil” ocupa nuestro día a día con amenazas de parto provocado antes de tiempo.

Con humor, en cada visita decía que tendríamos más “fotos” de Mini_N, buscando cómo animarme con cosas positivas. Y llega la última visita, a 3 días de la FPP. Ya pensaba que habíamos superado todos los controles y que todo seguiría su curso, pero no, ese día nos hacen monitores, ecografía y ya por ultimo visita con el ginecólogo. Entro por la puerta para la ultima visita y lo primero que me dice, así sin anestesia, es: “Vas a pasar el puente del 15 de agosto en el hospital, el lunes ingresas para provocar el parto”. ¡Booooom!

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Aun recuerdo cómo me vine abajo, me costó bastante asimilarlo. Sé que no es malo, pero había imaginado siempre el momento de romper aguas, de llamar a Mr. M, prepararnos tranquilamente en casa… y eso ya no sería así… a no ser que Mini_N decidiera salir ese fin de semana.

Me pasé el sábado y el domingo paseando, subiendo y bajando escaleras, dando baños calientes, bebiendo chocolate (¡qué gran esfuerzo!) intentando animar la cosa, pero no, todo acabó en inducción.

Y llegó Mini_N. Y en ese momento supe que todo temor había sobrado. Solo me había permitido compartirlo con Mr. M, así cómo la ilusión y ñoñería del embarazo, pues de puertas hacía fuera era más prudente o reprimía más la emoción. Igual alguien pensó que no me hacía mucha ilusión, igual no, igual solo yo tenía la sensación de no estar disfrutando como debería.

Pero pasó, y ahora solo queda el buen recuerdo. El ver crecer esa barriga (nunca pensé que engordarme lo vería cómo algo positivo), el notar sus patadas y compartirlas con Mr. M y mis seres más queridos, el sentir el latir de su corazón en cada visita, la emoción y lágrimas que nos invadieron al saber que venía una niña y el punto final, ese ultimo empujón que hizo que todos mis temores se disiparan al ver esos ojos enormes mirarme con tanta vida.

Llamando a Mini_N: cuándo, cómo lo anunciamos y qué hice.

Siempre he tenido claro que quería ser madre, y si era joven, mejor. Por circunstancias de la vida ha sido más tarde de lo esperado, pero lo importante es que ha sido, y aunque me gustaría repetir Mr. M dice que se planta, que él ya tiene dos (Maxi_D de una relación anterior) y que ya no más… así que si no nos toca una primitiva me parece que lo llevo claro…

A lo que iba, después de muchos años sin un trabajo estable (y mucho menos de 40 horas) el año pasado, por fin, tenía uno. Además todo apuntaba a que me iban a hacer fija, así que hablamos con Mr. M y nos pareció el momento ideal para empezar a llamar a la cigüeña.

Pero las cosas nunca salen como planeas, y justo antes de las vacaciones me avisaron que no me iban a renovar, no iba a tener un trabajo fijo. Y con los tiempos que corren… os podéis imaginar como me quedé…

Después de la decepción vino la calma, y con ella el momento de poner las cartas sobre la mesa. Decidimos que seguiríamos adelante. Nunca hay un momento perfecto, así que ¿Por qué no? Mirando la parte positiva, si no encontraba trabajo, podría tener un embarazo tranquilo ya que por suerte tenía algo de paro.

Así que en julio de 2016 decidimos que seriamos padres. Dejamos de tomar precauciones y simplemente seguimos con nuestra vida, no calculamos absolutamente nada, mejor sin presiones.

En octubre, viendo que aún no sonaba la campana, decidí que si iba a quedarme embarazada era necesario hacer cambios en mi vida. Siempre he tenido el peso muy por encima de lo deseado, algo nada bueno para un embarazo, y además fumaba. Así que cambié mis hábitos alimentarios y empecé a fumar mucho menos.

En diciembre, con sobrepeso en vez de obesidad y con 2-4 cigarrillos en vez de 15 y con un nuevo miembro en la familia (Zepo, nuestro perrete), le dije a Mr. M que igual era mejor esperar un poco a bajar todo el peso que me faltaba ahora que me había aficionado al deporte y el buen comer.

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Y cómo todas las cosas en la vida ¡SORPRESA! El 17 de diciembre confirmamos embarazo. Menudo regalo de Navidades adelantado. Pasamos todas las fiestas entre miradas cómplices que escondían nuestro gran secreto, y para el día de Reyes dimos la noticia a la familia.

Queríamos esperar a la primera eco, pero vivimos en un pueblo muy pequeño y temíamos que alguien me hubiese oído pidiendo hora para la ginecóloga. Que si, eso de por si no dice nada, pero cuando la recepcionista te dice “¿Que estás embarazada?” Pues no deja lugar a dudas. Y ya sabemos que la gente no respeta la intimidad y no guarda distancias cuando estas pidiendo hora o siendo atendido… yo que siempre me quedo detrás del “espere aquí su turno” y si no está me lo imagino, no lo entenderé nunca. ¿No odiáis sentir la respiración del siguiente en el cogote?

Bueno, a lo que iba, el día de Reyes dimos el gran regalo a Maxi_D, abuelos y tíos, os podéis imaginar. Maxi_D nos abrazo con mucha alegría, un hermano/a a sus 13 años, sorpresón. Mis padres iban a tener su primer nieto/a y mis suegros al tercero/a aunque eso poco importa, un nieto es un nieto. Me emociono al recordar sus reacciones abriendo el regalo que contenía la gran noticia.FOTO 076

Dejó de ser un secreto, pero quedó entre familia, no lo hicimos público a los más cercanos hasta la primera eco, y público del todo hasta la segunda, cuando ya vimos que era una niña y que todo seguía su curso.

Sabía que no encontraría trabajo, así que decidí comprar como unos 6 “kits” de punto de cruz para pasar mejor los días. Ya me imaginaba entre paseos, punto de cruz, libros y atracones de series cuándo mirando Facebook vi que anunciaban un curso en el pueblo de al lado que empezaba la semana siguiente y aún tenía plazas libres. Diseño de páginas Web algo que me llamaba la atención, así que decidí probar suerte. Esa misma tarde ya estaba llevando los papeles para inscribirme y la última semana de enero empezaría el curso. Curso que duraría hasta finales de junio para mí. Y digo para mi porque en julio hubiese hecho las prácticas, pero me las denegaron por motivos absurdos. Yo sigo diciendo que fue por el embarazo, aunque no salía de cuentas hasta agosto y me encontraba divinamente… pero en fin, ese es otro tema.

Así que ya veis, estuve bien ocupada durante todo el embarazo. Solo se me hicieron eternas las ultimas semanas, y más con las temperaturas del verano, que no fueron ni medio normales. ¡Ah! Y tuve tiempo de acabar alguno de los kits de punto de cruz. Jajaja.

Y después de tanto hablar veo que no he dicho nada de lo que quería… así que antes de hacer una entrada eterna dejaremos ésta con el cuándo, cómo lo anunciamos y qué hice y para la semana que viene ya me pondré más visceral con el cómo lo viví, cómo lo sentí y cómo me afectó toda la etapa.

LME, esa gran desconocida

 

Llevo ya unas semanas disfrutando de la lactancia materna exclusiva, pero los inicios no fueron precisamente un camino de rosas…

Antes de seguir hablando de MI experiencia con la lactancia materna exclusiva quiero dejar claro que no opino ni mejor ni peor por quien la practica o quien decide no hacerlo, todas las opciones me parecen igual de válidas, y cada madre sabe lo que le conviene más mejor que nadie.

Recuerdo como durante el embarazo todo el mundo me preguntaba si iba a darle el pecho, para mi no había duda: SI. Siempre contestaba “si puedo, si” pensando que era muy normal que no se pudiera, y ahora que me he informado veo que es todo lo contrario.

No solo lo tenía claro por los beneficios y por el vínculo, también lo pensaba por el gasto económico que supone una alimentación con leche artificial, no nos vamos a engañar, ya venía bastante gasto como para añadirle uno más.

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Otra de las cosas que escuché durante el embarazo fue “uff, ya veras los pechos…”, pero al momento siempre había alguien que decía “no la asustes, que aún le queda mucho”. Pues señores y señoras: ¡ojalá me hubiesen asustado! Saber ciertas cosas nos puede ayudar mucho cuando somos novatas. Sigue leyendo “LME, esa gran desconocida”

De profesión: Mamá

Llevo toda la vida sin saber que quiero ser cuando sea mayor. Y ya tengo 31.

De pequeña tuve épocas de arqueóloga y peluquera, con la adolescencia me llamó la filosofía y también el periodismo. Desde siempre he querido cantar, a pesar de mi pánico escénico, que intentaba superar (junto con mi timidez) haciendo teatro. Pensé “pues actriz de musicales”. Para evitar males mayores me decanté por intentar ser maestra de música, pero sigue en proceso. Para encontrar trabajo me decidí a los polivalentes estudios de administración, y ahí están, en el curriculum. Y eso no es todo, sigo queriendo ser mil cosas y estudiar otras mil más. Demasiadas inquietudes para la media de vida que tenemos los humanos.

Pero algo ha cambiado, ya sé que quiero ser cuando sea mayor. Ya sé cual es mi profesión. De profesión: mamá.

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Hace poco más de dos meses recibía el mejor regalo de mi vida. Llegaba Mini N a nuestras vidas y me convertía en madre por primera vez. Aunque en realidad ya había empezado a trabajar como tal mucho antes. Antes incluso de ver el positivo en el test de embarazo el pasado diciembre. Empecé mi periodo de prueba cuando Mr.M y yo decidimos que queríamos ser padres. Período de prueba que siguió con un contrato temporal de 9 meses y ahora, por fin, con el indefinido a modo de funcionario, de por vida.

Desde julio de 2016 que mi trabajo a jornada completa es por y para Mini N, nunca dejo de aprender, y ahora que ella está aquí es mi mejor maestra.

Y con ella nace también este blog, sin ninguna otra pretensión que poder desahogarme cuando en el trabajo tenga un mal día, poder presumir de pequeños logros que me harán subir la autoestima, compartir descubrimientos y dejar constancia de que todo está pasando de verdad.

No soy blogger, no sé como gestionar un blog y no sé decir mentiras (lo siento si algún día soy demasiado directa contigo). No pretendo nada y lo pretendo todo. Si eres compañera de profesión seguro que podré aprender de ti, si quieres serlo tal vez te enseñe algo sin querer y si ni una ni la otra es posible que simplemente consiga sacarte alguna que otra sonrisa con las mil y una historias que seguro me dará
este gran trabajo: la maternidad.